Sofocleto ha muerto, su humor vive

::: Por Fabiola Morales

No he tratado personalmente a Luis Felipe Angell, Sofocleto, y su reciente fallecimiento no me lo permitirá jamás; pero me acercan a este personaje de pluma ingeniosa y desenfadada, varias circunstancias. Como él, he pasado mi niñez entre los tradicionales balcones, la luna y el mar de Paita. Como él, soy periodista porque me sigue asombrando la gente y la vida. Y, porque, he tenido la oportunidad de estudiar el fenómeno del humor como arma, bálsamo, rebeldía o motivo de alegría.

Sofocleto, sin duda es uno de los pocos columnistas que se ha atrevido a reírse en este Perú serio y triste en donde la opinión periodística es cosa de gente adusta, tiesa, densa y pontifical. Perteneció a un género de periodistas que sabe caricaturizar lo cotidiano, las poses, las costumbres y el acontecer político para criticar, pero arrancando la risa cómplice del lector. Todo lo contrario a la intolerancia en las opiniones que en este país abunda, hasta entre quienes se auto califican como tolerantes.

El humor, como bien lo entendió Sofocleto, es una postura totalmente contraria a la inflexibilidad, a las actitudes radicales y extremistas en los asuntos opinables. Humor que no se comprende, como dice Vásquez de Prada, en un régimen dictatorial, donde no se admiten filigranas ni individualismos sonrientes, porque se instalan con categoría férrea opiniones oficiales que secan y cercenan la vena humorística.

Para Sofocleto, el humor fue una manera de enjuiciar la vida, las costumbres y la política, fue ese espejo cóncavo o convexo que refleja una imagen exagerada de los defectos humanos. Así el humorista consigue criticar enfáticamente el poder social o político, ridiculizándolo, hasta producir la risa; a la vez que logra evadir la censura mediante el juego del doble sentido y la gracia humorística.

Su obra periodística y literaria fue en parte cómica y en parte satírica y caricaturesca. Fue cómico al recoger costumbres y personajes, incluso de corte familiar, para recrear escenas ocurrentes y graciosas, sin renunciar a cierto aire moralizador. Sus personajes, como los de la antigüedad griega, han representado una parte de la conducta del hombre considerada inferior a la del héroe. “Los más graves, escribió Aristóteles de los autores trágicos, imitaban las acciones nobles y las de los hombres de calidad, y los más corrientes, refiriéndose a comediantes como Aristófanes, los defectos de los hombres.” Como en El Avaro de Moliere, los personajes de Sofocleto provocaban risa, pero sin renunciar a la crítica y a la didáctica.

En su Don Sofo y Sofocleto a dos columnas, encontramos más bien al periodista satírico y de pluma caricaturesca que critica la vida pública y política hasta la exageración y el ridículo, para señalar sus errores, con la intención de ayudar a corregirlos. Sobre la sátira y los satíricos escribió Mariano José de Larra: “Somos satíricos porque queremos criticar abusos, porque quisiéramos contribuir con nuestras débiles fuerzas a la perfección posible de la sociedad a la que tenemos la honra de pertenecer, no abrigamos una pasión dominante de criticarlo todo con razón y sin ella, ni buscamos la polémica por la polémica.”

Don Sofo, sin duda vivió la dureza de los regímenes dictatoriales que quisieron convertir su risa en mueca enviándolo al exilio. Pero desde allá siguió riendo con el Manual del perfecto deportado, como lo seguirá haciendo con sus Silogismos desde la eternidad.

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Sofocleto ha muerto, su humor vive

  1. Hector Cordova

    Larga en la memoria de quienes nos deleitamos con su diario batallar, el de reir y ensenar, como diria el, por las buenas o por la risa.

  2. Jorge Angell L.

    Señor Cordova, la palabra es “SINLOGISMOS” y no “SILOGISMOS”.