[Crónica] Archipiélago Galápagos V

En la Reserva de Galápagos el mar es esmeralda, transparente y manso.

Sus aguas invaden las cuevas que encuentran a su paso y les entregan la magia de numerosas y raras especies.

Las olas golpean las montañas, calientes y blanquecinas por el guano de las aves, y las refrescan.

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Viviendo en familia… 

Galápagos, tanto para el científico, como para el visitante observador, es un gran laboratorio. Con mucha facilidad, se puede realizar un ejercicio de sociología animal. Las relaciones entre los individuos y grupos de aves, batracios, peces, mamíferos y demás especies, fluyen con el dinamismo de la sociedad humana.

Los Lobos marinos son padres amorosos. Sobre las playas, las rocas y en los manglares, las madres amamantan a sus crías con una entrega total.

Los machos, casi nunca se alejan. Forman parte de la escena familiar: siempre en actitud de vigilancia, marcación de territorio y protección de lo suyo.

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Aun en los desembarcaderos, los Lobos marinos viven en familia. El macho, tirado encima de las bancas de madera vieja. La hembra, sabiéndose protegida a su lado, alimenta y cuida de sus crías. Ambos, ignoran la presencia de los curiosos.

Caminando por La Isabela, nos sorprendió un aullido casi feroz que salía de entre los manglares. Nos percatamos que se trataba de un enorme Lobo marino de color tabaco. Salió con la prisa que le permitía su propia pesadez, desde los matorrales húmedos hacia a la playa.

Unos minutos después, desde el mar, venía un ruido similar, casi imperceptible, pero de intensidad creciente. Era su cría, un lobo- bebe que respondía a la llamada de un padre desesperado. Desde la playa, una madre lobo intentaba unírseles, acompañada de otro bebe.

El encuentro de la familia, fue jubiloso. Pude registrarlo con mi filmadora. La misma Sony que a su encuentro con el solitario George, la tortuga galápagos más famosa del mundo, decidió que era adorable… 

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La vida diaria… 

Las tortugas galápagos viven habitualmente en sociedad. Siempre están juntas, de tal manera, que rozan continuamente, sus enormes y centenarios caparazones rugosos. Comen juntas, sin rivalidad.  Y juntan sus bocas, de vez en cuando, como queriendo demostrar su afecto.

A las relaciones de amistad y familia, se suman las de poder político, intercambio económico, luchas de posesión y marcación territorial. Tampoco faltan las representaciones lúdicas y hasta de vanidad.

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Los Piqueros de Patas Azules, son de lo más libres y responsables. Vuelan entre las rocas altas y puntiagudas. Se posan sobre ellas para mostrar su belleza. Pero también, gastan sus horas abrigando a sus polluelos, hasta que son capaces de volar por sí solos.

Los Albatros de Galápagos, juntan sus largos picos para alimentarse mutuamente. Ambos pescan en las profundidades marinas y comparten la mercancía vital.

Las Iguanas, son muchas veces agresivas entre ellas. Pero también, utilizan el cortejo  y disimulo para obtener éxito. En su reino, nadie está seguro. Tienen que luchar para lograr su propia presa, su propia pareja y su propio territorio, lejos de cualquier intruso.

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Pudimos observar a una Iguana que se apareaba tranquilamente. Tomaba posición de su hembra mordiéndola en el cogote para mantenerla quieta. Pero, sin poder concluir, tuvo que cederla a otro macho más astuto y fuerte que se la llevó como premio mayor.

Sin embargo, con los Lobos marinos, las Iguanas parecen entenderse mejor. Posan coquetas sobre las rocas y menean sus colas, para que los Lobos jueguen con ellas graciosamente.

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