[El Comercio] Castañeda: ‘Lima no puede ser ajena al ciudadano’

El burgomaestre defiende a capa y espada las obras de infraestructura vial que realiza y comparte la visión que tiene sobre la ciudad del presente y del futuro

Por: Adolfo Bazán C.

Le gusta manejar su vehículo, asir el timón, tener el control… Pero no siempre. A veces —cuenta— prefiere ir en el asiento posterior leyendo algunos documentos o coordinando citas por teléfono. De cuando en cuando baja la ventanilla del chofer y saluda al vendedor de periódicos, al jardinero, a una señora que lo reconoce. También para reconvenir a un sereno de Lima que parece distraído. Ha preferido conversar sobre sus obras, visiones y proyectos mientras recorre la Vía de Evitamiento, el óvalo de Habich, las pistas reconquistadas en Fiori. Más que un paseo, el recorrido es una explicación in situ que el alcalde de Lima hace de su trabajo.

¿Ser alcalde de Lima es hoy más un cargo vecinal o político?

Todo trabajo que se hace sobre un colectivo tiene esas características. Sin embargo, también es un cargo gerencial con mucha incidencia social.

Empecemos por lo social. ¿Cuál cree que es el “plus” que ha traído Luis Castañeda a la ciudad?

Partimos de una definición distinta. Nuestra gestión aspira a mejorar la calidad de vida del ciudadano, en consecuencia vamos a trasladarnos a una circunstancia que es dura: un ciudadano vive en un cerro, antes no tenía cómo subir y hoy lo hace por una de las dos mil escaleras que hemos hecho. Pero tampoco tenía un lugar de esparcimiento y hoy tiene los clubes zonales donde hay piscinas, lagunas, pequeños zoológicos, sitios para hacer parrilladas; es decir espacios de encuentro familiar y para liberar tensiones. Pero, además, si hay un problema de salud, están los hospitales de la solidaridad. Hay un gran cambio y es una manera de contribuir a tener una sociedad más inclusiva.

¿El reto es hacer que la gente que vive en Lima quiera a Lima?

Fíjese. Lima es el resumen del país. Aquí está representada esa multiplicidad que es el Perú, pese a lo cual cada uno sigue manteniendo su identidad. Prueba de ello son los clubes y fiestas. Lo importante ahora es darle identidad al ciudadano de Lima, porque identificación significa amar lo que uno tiene y eso implica preocuparse por ello. La ciudad no puede ser ajena al ciudadano.

¿Y ese cambio cómo se logra? ¿Se empieza con las autoridades o se tiene que partir de la propia gente?

Normalmente se ha partido de la gente. Nosotros lo hacemos al revés: vamos de la ciudad a la gente. A los clubes zonales, como el de Comas, van miles de personas y no destruyen las áreas verdes. Lo mismo ocurre en el Circuito Mágico del Agua o en la Plaza de Armas. Las instalaciones están haciendo que la ciudad cambie, porque se ve todo tan limpio y cuidado que la gente empieza a apreciar la calidad.

En este caso no funciona aquello de la letra con sangre entra.

No, porque no es cuestión de sanciones, es creer que las cosas pueden ser mejores, pero debe haber algo tangible, algo que realmente lo exprese y qué mejor expresión de la ventaja de la limpieza que verla, disfrutarla. Y es ahí cuando se adquiere el compromiso.

¿El Centro Histórico sigue siendo el núcleo de Lima?

Las ciudades son dinámicas, crecen, y los centros se trasladan. Acá el centro se trasladó prácticamente a San Isidro, pero ahora está volviendo a Lima. Antes había dos mil locales cerrados en el Centro Histórico porque entraban las manifestaciones. Ea un total desorden. Hoy se ha recuperado este espacio. Y ocurre un hecho tangible: el precio del metro cuadrado ha subido notoriamente, los locales están ocupados y existen varias transacciones inmobiliarias.

Puede leer el resto de la entrevista y los comentarios en El Comercio.com.pe.
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